En la primera parada del viaje visitamos las localidades de Nahuala, Santa Lucía de Utatlán y Sololá en el marco del proyecto IXCHEL Fase II que ha financiado el Gobierno de Cantabria. Se trata de un proyecto para ayudar al empoderamiento personal y productivo de mujeres que han sufrido violencia de género. Asistimos a una entrega de pilones de lechugas, acelgas, brócoli y repollo para que estas mujeres los siembren en sus pequeños huertos domésticos y así apoyar la seguridad alimentaria de sus familias.
Visitamos también las mujeres indígenas de las comunidades de Totonicapan del pueblo maya K’iche. Ellas nos presentaros los productos que elaboran a partir de sus emprendimientos. Este proyecto, que está financiado por la Generalitat Valenciana, ha obtenido resultados más allá del empoderamiento económico de sus protagonistas, ya que también ha permitido proveer de alimentos a las familias de la zona durante los bloqueos que vivió el país a finales del año pasado.
Junto con CEDEPEM también estuvimos presentes en el acto de colocación de la primera piedra del futuro centro de capacitación de la mujer que se construirá en dicha zona. El alcalde de Totonicapan, Luis Alfredo Herrero, aprovechó nuestra estancia para agradecer el compromiso de Treball Solidari con un afectuoso reconocimiento.
Seguidamente, también conocimos dos comunidades indígenas de San Juan Ostuncalco donde se ha desarrollado un proyecto de continuidad financiado por la Junta de Castilla y León basado en los éxitos cosechados en la anterior iniciativa. Las mujeres de La Esperanza y Agua Blanca nos mostraron orgullosas el trabajo realizado durante los últimos meses en los nuevos invernaderos que ellas mismas ayudaron a construir. Con la introducción del riego por goteo y los plásticos se ha conseguido que los invernaderos sean más productivos y más sostenibles que los anteriores, y también aliviar la carga de trabajo de las mujeres.
De hecho, fruto de las infraestructuras financiadas por la Junta de Castilla y León, el acompañamiento y las capacitaciones realizadas por el socio local CEDEPEM, y el esfuerzo y trabajo de las 150 mujeres de estas dos comunidades, se han fortalecido las herramientas para el empoderamiento de las mujeres maya mam y sus familias, reivindicando así su pleno derecho a la alimentación, a la vez que se mejoran sus habilidades empresariales.
Finalmente, en la Casa de la Mujer de Guatemala tuvimos la oportunidad de participar en una terapia colectiva con mujeres sobrevivientes de violencia de género. También nos reunimos con diferentes representantes de las instituciones que componen la Red de Derivación para el acompañamiento y seguimiento a casos de violencia contra las mujeres, quienes nos hicieron un retrato social y legislativo de la situación en el Departamento de Sololá.